Que tus palabras estén llenas de amor cada vez que las pronuncies, no llenas de sinceridad.

El poder que tiene la palabra es tan impactante, que en la mayoría de las conversaciones cotidianas, no se percibe el daño emocional que puede ocasionar porque el sufrimiento nace en el interior de la otra persona.

Hablamos en automático el 99% de las veces. Y toda emoción que despertamos en la mente de los demás, por falta de empatía y/o de consciencia, no las sentimos de manera directa.

Existe una creencia sobre la palabra hipocresía. En muchos idiomas, incluido el francés, un hipócrita es alguien que esconde sus intenciones y verdadera personalidad. Al no ser conscientes de nuestro comportamiento, solemos reaccionar ante estímulos.

¿Cómo podrías saber tus verdaderas intenciones si actúas en automático?

Saber con detalle nuestras intenciones es conoceremos en profundidad. Tener una suficiente claridad mental sobre la forma cómo nos dirigimos, es una habilidad que se entrena, no se nace con ella. Donde si puedo afirmar que nos han enseñado bien es a no ser hipócritas y procurar ser muy sinceros y honestos con nuestros comportamientos. Desde mi punto de vista, esta costumbre cultural que hay que cuestionarla y te diré por qué.

  • Si lo que piensas, dices y/o haces sólo te da paz a ti, duda de su validez.
  • Si lo que haces, dices o piensas solo da paz al otro, duda de su validez.
  • Si lo que dices, haces o piensas no da paz a ninguno de quienes intervienen, ¿por qué sigues haciéndolo?

Toda información que se genere en tu mente y se convierta en un comportamiento, deberá estar cargada de amor, que aporte valor, que inspire a otros a transformarse, y no que contribuya a un sufrimiento.

¿Alguna sugerencia?

Entrénate en pronunciar frases que construyan armonía el interior de las personas a tu alrededor. Bastante caos tenemos a diario, como para seguir contribuyendo a esta práctica inconsciente, social y planetaria.

¿Sabías que la manera como te comunicas puede fortalecer emocionalmente tanto tu interior como el de los demás?  Las palabras llenas de conocimiento (no de creencias), de sabiduría y de amor, son el mejor antídoto para la debilidad emocional.

Llevamos creyendo cientos de años que ser sincero hace parte de un valor propio de personas civilizadas y educadas. Nada más lejos de la realidad. La sinceridad está sobrevalorada. Te invito a que traigas a tu memoria un recuerdo personal o profesional. Piensa cuantas situaciones en las que empleaste la sinceridad aportaron alegría, paz y armonía a quien te estaba escuchando? Seguro tendrás cientos de ejemplos.

Te propongo un ejercicio muy rápido. Enumera diez episodios donde tú sinceridad dejó un buen sabor de boca en la conversación. Si logras identificar el 100% de esos episodios como experiencias constructivas, enhorabuena. Si llegas a un 50% puede que necesites aumentar tu auto-observación en la forma como te comunicas. Si no llegas al 40%, es muy posible que estés dejando huellas negativas en otras personas.

¿Qué pasa cuando lo que pensamos hace daño a quien recibe el mensaje?

La falsa creencia de la sinceridad, te hace sentir que has hecho lo correcto y mentalmente te quitas un peso de encima.  ¿Y si a lo mejor ese peso se lo has transferido a otro si ningún tipo de contemplación, qué pensarías? Cualquier pensamiento que tengamos de los demás, por muy tonto que sea, puede ser mal interpretado según los estados de ánimos, estados emocionales o mentales que tenga quienes nos escuchan. Antes de decir algo, observa mentalmente lo que vas a decir, e imagínate siendo el receptor escuchando ese mensaje. ¿Cómo lo interpretarías?

Te daré una serie de preguntas poderosas que yo me hago antes de emitir cualquier mensaje, opinión, idea, valoración hacia alguien. Espero te aporten.

  1. ¿Este mensaje es verdad o es mi opinión?
  2. ¿Por qué voy a decirlo? ¿Cuál es mi intención?
  3. ¿Le aportará paz a quien lo escuche?
  4. ¿Me aportará paz tras decirlo?
  5. ¿Es un mensaje constructivo o destructivo?
  6. ¿Qué tipo de emoción y sentimiento causará este mensaje a quien lo reciba?
  7. ¿Hay neutralidad en el mensaje?
  8. ¿Quién recibe el mensaje tiene la capacidad mental y las herramientas necesarias para interpretarlo desde el amor y la neutralidad?

Las respuestas a estas preguntas te darán pistas sobre la decisión que debes tomar. Recuerda, sé impecable con las palabras que salgan de tu boca.

Si te ha interesado este artículo sobre Inteligencia Emocional, te invito a que lo compartas si consideras que le puede ser útil a alguien que conozcas. Si consideras que estas palabras te han aportado conocimiento y quieres profundizar más sobre estos temas, te recomiendo que te plantees el entrenamiento que ofrecemos en Escuela de Mentores sobre Inteligencia Emocional.

Espero verte pronto en alguno de nuestros entrenamientos.

Gracias por existir.

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